De Multas Y Dudas
De Multas Y Dudas nació en primavera de 2020, recién entrada la cuarentena. Recientemente el recuerdo de la ruptura de una relación con una chica cuyo nombre recuerda a las moras azules me tenía melancólico y cabizbajo. Recuerdo que estaba en un día lluvioso, sin luz; yo solo en mi casa, sentado en la cama con un par de velas iluminando la noche. Tomé mi guitarra recordando memorias y le puse un capo en el 4to traste.
En mi mente llegaban imágenes de aquella relación. Habían varias, pero la que más estaba presente era una que se remontaba a las primeras semanas de febrero en ese mismo año.
Mora Azul y yo no estábamos pasando por un buen momento, más por ella que por mí. Digo, no es como que yo haya sido la mejor persona en esa relación, pero a lo que me refiero es que ella estaba pasando por un momento difícil, iba a entrar a quirófano el 14 de febrero y no lo íbamos a pasar juntos, por lo que nuestro San Valentín iba a ser un día antes.
El 13 de febrero fui a su casa, en Torre Annunziata #102, en León, Guanajuato. Llegué en un Uber que me pidió mi hermano, con unas rosas que le pedí a mi mamá que me comprara, total que después se las pagaría; con un par de playeras que le compré, un vinil de los 60s de los Beatles y otro de John Lennon, unos dulces y muchas ganas de verla, abrazarla y decirle que todo iba a estar bien.
Bajé del Uber y toqué el timbre. Me abrió su mamá. Hola, Luis, ¿cómo estás? Muy bien señora, jajaja ¿usted cómo ha estado? También bien, gracias. Súbete, Azul está en su cuarto.
Terminé de saludar a la señora y subí las escaleras, pero en el cuarto de tele estaba la abuela, sentada en el sillón azul celeste viendo películas y también la saludé. Regresé a subir las escaleras y entré al cuarto de Azul, que estaba dormida. Poco después de sentarme sobre la cama a verla dormir, ella despertó y se abalanzó sobre mí a abrazarme como si no nos viéramos desde hacía años.
La saludé, le di sus regalos y estuvimos platicando un rato, hasta que ella propuso salir a caminar y así lo hicimos.
Fuimos a un parque cercano a la casa, pero en el camino de ida, noté cómo su rostro y su tono de voz iba bajando, se estaba agüitando quién sabe por qué.
Llegamos al parque y yo intentaba hacerla feliz un ratito, que se olvidara de sus preocupaciones para verla sonreír.
Ella se sentó en un columpio, cabizbaja, y me acerqué a ella, hincándome para estar un poquito más cerca. En eso, la escuché llorar y se me partió el alma. Levantó la vista y en su mirada se reflejaba la luna de una manera inenarrable. Esa imagen la sigo teniendo clavada por el brillo que daban sus ventanas al alma reflejando el brillo de la luna. Sus ojos y la manera en que veían siempre me parecieron maravillosos; me podía perder en su mirada por minutos, en perfecto silencio, solo viendo sus pupilas dilatarse y espejear las cosas que ella observaba.
Cuando me desperté de la hipnosis por la Luna y sus ojos, le quité las lagrimas con los dedos y ahí me dijo con su suave voz rota: “No creo ser capaz de seguir”.
Le pregunté por qué y me dijo que, como ya sabía, estaba pasando por momentos emocionalmente difíciles, además de que ya estaba más pronta a mudarse a Querétaro y eso la ponía a pensar que lo nuestro también tendría que terminar por lo mismo.
Le dije que estaba bien, que la entendía y que yo solo quería lo mejor para ella, y si eso era lo que ella quería, pues lo comprendía.
Me dijo que no, que no quería eso, entonces tampoco terminamos. Me sonrió y le sonreí de vuelta. Nos abrazamos y de repente la tristeza se le desvaneció del rostro.
Entonces regresé al presente, que ahora es mi pasado.
Ya con el recuerdo erizándome la piel, empecé a rasguear los acordes y a tararear una melodía, hasta que mi cerebro encontró el “¿yo qué iba a saber lo que querías si alguna vez yo sentí tu respirar y la luna empezó a brillar?, y nos vimos sonreír; sabíamos que te ibas a ir”.
Ya sin Mora Azul a mi lado, a kilómetros de distancia, lo único que quedaban eran recuerdos y ganas de regresar al tiempo a juntar nuestras almas, siendo la conjunción disfrazada de un abrazo. “Quisiera abrazarte pero ahora tal vez no sería una buena opción…”
Después, en la letra, mi yo del presente hablaba diciendo “y ahora que lo sé veo el pasado donde una vez vi tus ojos con lágrimas y a mis brazos fuiste a parar. Y nos vimos sonreír. Olvidé que te ibas a ir”
En ese momento, ya no me importaba la distancia, y solo quería estar con ella, abrazarle, tocarle, llorarle y extrañarle, pero esta vez siendo una buena opción.
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